En los últimos meses hemos detectado en nuestra empresa un incremento sustancial de demandas en psicología del deporte a nivel privado que nos hace pensar que la profesión va aumentando su área de influencia y de conocimiento entre los deportistas y entrenadores, suelen ser demandas a nivel de tecnificación, es decir, en etapa previa al alto rendimiento, generalmente con un perfil de deportista muy joven de entre 12 y 16 años, indiferentemente hombres o mujeres, con demandas especificas y centradas con problemas de ansiedad que luego se redefinen con otras formas de demanda, y sobre todo, con la solicitud de una intervención con resultados rápidos y efectivos. Generalmente, estos tipos de demandas provienen de los padres con el beneplácito de los deportistas.
Hemos hecho una visión restropectiva en relación al tipo de demandas que teníamos hace un par de años, y hemos podido comprobar que los cambios más significativos vienen dados por dos factores clave, por un lado la juventud de los deportistas, la confianza en el trabajo del psicólogo del deporte, y la inmediatez en la resolución de posibles problemas o en la aplicación práctica en su deporte.
Me parece interesante esta reflexión, ya que me hace pensar en varias cosas:
1º. Que la psicología del deporte cada vez esta más y mejor reconocida en el mundo del deporte, sobretodo deportistas y entrenadores.
2ª. Que son los más jóvenes los que se inician en los programas de preparación psicológica, sin olvidar que en la mayoría de ocasiones son los padres o entrenadores que dan los primeros pasos para contactar con el psicólogo/a.
3ª. Que cada vez más se pide una inmediatez en los efectos de los programas de intervención, con los que nos lleva incluso a replantear algunos de nuestros modelos teóricos, y trabajar con otros de procesos más cortos, como por ejemplo los modelos de “Terapia Breve”.
Creemos que es interesante analizar de forma más profunda estos cambios que se van produciendo en las demandas y perfiles de nuestros deportistas, ya que son reflejo de los valores de nuestra sociedad, por ejemplo la necesidad de gratificación inmediata, que nos obligan a readaptar nuestro trabajo, y sobretodo, a reeducar a estos deportistas en los componentes y valores que el deporte demanda si se quiere mejorar con él; determinación, constancia, dedicación, disciplina, humildad, etc.
Además tenemos que tener en consideración, la entrada en el mundo del deporte de otras personas que han visto en nuestra profesión, una manera inmediata de conseguir un puesto de trabajo, y se ofrecen con el seudónimo “deportivo” de coach del deporte, y que de una manera muy clara entran en competencia con nuestra profesión.
Los psicólogos del deporte de este país, es decir licenciados en psicología y con estudios específicos y complementarios en psicología del deporte, hemos estado muchos años luchando y trabajando para que se nos reconozca la profesión en el mundo del deporte, y ahora que parece que hemos conseguido allanar el camino, nos vienen empujando por detrás con la velocidad del que no ha tenido que hacer ningún esfuerzo para preparar este tortuoso camino y se encuentra con la autopista hecha.
Los coachs del deporte no poseen la base teórica que toda intervención psicológica requiere, y se basan en una serie de técnicas de pregunta – respuesta, que pueden ser efectivas en el corto plazo, pero no suficientes para consolidar cambios a largo plazo.
Creo que los Colegios Profesionales deberían poner un poco de orden en este ámbito, clarificar y, sobretodo, defender nuestra profesión, y no tan solo en el ámbito del deporte. Las asociaciones de psicología del deporte y la propia Federación están para acoger a todas aquellas personas interesadas en la psicología del deporte, pero no tienen ni poder ni potestad para defender a los que somos profesionales de la psicología, es decir, psicólogos y psicólogas.
Jaume Marti Mora